¿Por qué no me haces unos pastelitos? —preguntó el Rey de Corazones a la Reina de Corazones un fresco día de verano.
—¿Qué sentido tiene hacer pasteles sin mermelada? —dijo la Reina furiosa—. ¡La mermelada es lo mejor!
—Pues pon mermelada —dijo el Rey.
—¡No puedo! —gritó la Reina— ¡Me la han robado!
—¡Pero bueno! —dijo el Rey—. ¡Esto es bastante grave! ¿Quien la ha robado?
—¿Cómo quieres que sepa quién la ha robado? Si lo supiera la habría recuperado hace mucho, ¡y con ella la cabeza del sinvergüenza!
El Rey hizo que sus soldados emprendieran la búsqueda de la mermelada desaparecida, y fue encontrada en la casa de la Liebre de Marzo, el Sombrerero Loco y el Lirón. Los tres fueron inmediatamente detenidos y juzgados.
—¡Vamos a ver! —exclamó el Rey en el juicio. ¡Quiero llegar al fondo de todo esto! ¡No me gusta que la gente entre en mi cocina y me robe la mermelada!
—¿Por qué no? —preguntó uno de los conejillos de Indias.
—¡Suprimid a ese conejillo! —gritó la Reina. El conejillo de Indias fue suprimido al instante. (Los que han leído Alicia en el País de las Maravillas recordarán el significado de la palabra suprimir: Los oficiales de la corte meten al conejillo en una bolsa de lona, la cierran con cuerdas y se sientan encima.)
—Y ahora —dijo el Rey cuando se hubo pasado la conmoción ante la supresión del conejillo de Indias—, ¡quiero llegar al fondo de todo esto!
—Eso ya lo habéis dicho —apuntó un segundo conejillo de Indias. (Este conejillo fue igualmente suprimido al instante.)
—¡Por casualidad robaste tú la mermelada? —preguntó el Rey a la Liebre de Marzo.
—¡Yo no robé la mermelada! —declaró la Liebre de Marzo. (En ese momento todos los conejillos de Indias que quedaban la aclamaron, siendo suprimidos de inmediato.)—¿Y tú? —rugió el Rey al Sombrerero, que temblaba como una hoja—. ¿Por casualidad eres tú el culpable?
El Sombrerero fue incapaz de articular una sola palabra; sólo respiraba entrecortadamente y daba sorbitos al té.
—Si no tiene nada que decir, eso demuestra su culpabilidad —dijo la Reina—, ¡así que a dejarle sin cabeza inmediatamente!
—¡No, no, —suplicó el Sombrerero—. ¡Uno de nosotros la robó, pero no fui yo!
—¡Tomad nota de eso! —dijo el Rey al jurado—. ¡Esta prueba puede resultar de suma importancia!
—Y ¿qué pasa contigo? —prosiguió el Rey con el Lirón—. ¿Qué tienes tú que decir a todo esto? ¿Han dicho la Liebre de Marzo y el Sombrerero la verdad?
—Al menos uno sí —replicó el Lirón, quien se quedó dormido para el resto del juicio.
Como reveló la subsiguiente investigación, la Liebre de Marzo y el Lirón, no decían ambos la verdad. ¿Quién robó la mermelada?